Mikel Oyarzabal

Sólo falta redondear todo esto”. Mikel Oyarzabal afila el colmillo en el confinamiento. La espera es eterna, máxime cuando la luz verde es invisible, pero el estandarte de esta Real finalista y candidata al título piensa en grande y lanza un órdago: “Guardaré la camiseta en cuanto ganemos”.

Oyarzabal no se le escapa el mínimo detalle de un derbi vasco. Es de Eibar, limítrofe con Bizkaia, y además, “dentro de mi familia y en la kuadrilla tengo seguidores del Athletic”. Una mezcla de pasiones clásica en Euskal Herria y envidiable por el mundo entero. En efecto, “son rivalidades sanas, siempre con buenas caras y buenos gestos”, acierta el jugador que más veces ha sido capitán de la Real esta temporada. Es, bajo su punto de vista, “especial para ellos y para nosotros”. Como buen canterano, Oyarzabal recuerda que “desde categorías inferiores es el partido de la temporada, donde igual te juegas ligas cuando eres pequeño”.

Nada comparable a un pulso profesional por un título. El coronavirus ha dejado en cuarentena el gran derbi, cuyo destino es impredecible. “Si hay una mínima oportunidad de que se juegue a puerta abierta, yo creo que hay que esperar para que sea posible”, apunta Oyarzabal. El guipuzcoano, tan maduro como de costumbre a sus 22 años, sostiene que “es una situación que quizá no se vuelva a repetir” y matiza , eso sí, que “también hay que asegurar al 100% que no haya ningún tipo de problema” porque “estamos hablando de una situación que está causando muchísimas muertes” y “hay que darle valor a lo más importante”.