Hay una acción tan involuntaria como definitiva, que marcó para el Atlético de Madrid un partido de tal detalle, magnitud y complejidad como el derbi contra el Real Madrid: superado el minuto 14, un saque de esquina de Toni Kroos y el remate de Casemiro, que quizá no habría sido tal, o al menos tanto, sin el resbalón del mexicano Héctor Herrera, en su regreso al once titular.

No fue el único motivo de la derrota. Ni mucho menos. Porque no fue el equipo rojiblanco invencible de toda esta temporada de la Liga. Ni se le acercó. Ni tuvo tantas ocasiones ni se sintió tan ágil en la transición ni fue todo lo que había apuntado en las diez jornadas anteriores, pero tampoco lo fue Héctor Herrera.

En un panorama dificultoso como propuso su adversario, no lo fue ni en el manejo de la pelota, sin la comodidad ni las vías de pase que ha disfrutado en duelos precedentes con el conjunto rojiblanco; ni en su labor de contención, como el más centrado por ubicación de los medios centros, escoltado por Marcos Llorente y Koke Resurrección, con los tres superados por la misma línea del Madrid; ni en su sentido táctico, que acompañaron a su inoportuno resbalón.