La despedida del Athletic del fatal y nefasto 2020 estuvo muy en consonancia con su deambular anual a lo largo de una Liga interrumpida a causa del obligado parón por la pandemia del coronavirus. La trayectoria copera, cierto es, fue mucho más digna y emocionante. Las noches vividas ante Barça y Granada quedaran grabadas en la memoria colectiva de un San Mamés que sin su afición en las gradas solo asusta e intimida a los que lucen de rojiblanco.

Su rival en la aplazada final del torneo del KO fue, casualmente, el último visitante del pasado año en el estadio bilbaíno. Un derbi descafeinado a nivel de gradas, con un vacío y un silencio absolutos, y con un solo doble color a nivel futbolístico. La Real, duela o no, fue infinitamente superior al Athletic. Alguien se ha equivocado de cabo a rabo transmitiendo la idea a los leones de que lo suyo es el fútbol combinativo. Remiro todavía estará echando unas risas por su primer encuentro en feudo bilbaíno como portero de Primera.