Valverde, junto a Aduriz en un entrenamiento en Lezama

Ernesto Valverde conoce muy bien a Aritz Aduriz. Le ha tenido a sus órdenes durante cinco temporadas. La primera de ellas, en el Bilbao Athletic, cuando el donostiarra hacía méritos para dar el salto al primer equipo. De hecho, en aquella campaña 2002-03, la última de Jupp Heynckes en su segunda etapa en el banquillo rojiblanco, el delantero donostiarra jugó tres partidos de Liga y uno de Copa como león. Sin embargo, en el curso siguiente, fue ‘Txingurri’ el promocionado, debutando así como técnico en Primera. En cambio, a Aduriz le tocó buscarse las habichuelas lejos de Lezama.

Diez años después, ambos volvieron a coincidir en Bilbao. Aritz ya estaba consagrado como un ariete de primer nivel, pero así todo se reservó lo mejor de sí para exhibirlo en cuatro campañas inolvidables bajo el mando de Valverde, como queriendo demostrarle que se equivocó con él una década atrás. A día de hoy, al de Viandar de la Vera no le quedan dudas sobre la dimensión del jugador que tuvo en sus manos. Así lo deja patente en el último número de la revista oficial del Athletic Club, dedicada casi en exclusiva a la retirada del gran ariete. “Aritz Aduriz es de esos tipos que los demás compañeros siempre sabían en cada partido que él estaba ahí, su sola presencia les infundía confianza en sus propias posibilidades”, comenta.

Valverde no deja de sorprenderle algo que convierte al ‘killer’ donostiarra en un caso singular. “Al revés que la mayoría de futbolistas, su momento culminante ha llegado cuando entraba en la década de los treinta años. La continuidad, un espíritu competitivo de nivel superlativo y un físico privilegiado han contribuido a que esto fuera así”.